GRECIA, VIAJES

Oia · Santorini · miles de casitas blancas frente al crater del volcan

Una vez pisas Santorini nada vuelve a ser lo mismo. Ya en el aire a medida que te vas acercando ves que efectivamente, la isla tiene una forma que recuerda a la de un volcán, y que además, es más pequeña de lo que te habías imaginado. Toda ella es increíble, diferente, extraña y preciosa, pero lo del pueblo de Oia es otra historia a parte.

Un antiguo volcán hundido en las aguas del mediterráneo

Oia es el pueblo más al norte de la isla y tiene unas vistas increíbles de la caldera.

¿Que qué es La Caldera?. Bueno pues resulta que Santorini actualmente es un volcán sumergido en el agua, por eso esa forma de “C” que nos deja el cráter en el centro. Hace tiempo la isla de Santorini tenía mucha más tierra que la que vemos actualmente, pero el verdadero encanto de la misma es el hecho de que fue un volcán en activo.

Esto hizo que Santorini se identifique por sus acantilados rojizos que dotan a la misma de una personalidad única y especial. Pero es que además, los pueblos se han tenido que acomodar al escarpado y vertiginoso terreno, teniendo así unas vistas privilegiadas del paradisiaco entorno, de la caldera y los pueblos que se agarran a los cortes bruscos de tierra. Es realmente precioso y asombra la perfecta unión entre naturaleza y arquitectura.

 

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Un paseo de ensueño en el paraíso

Ese día había visitado por la mañana la Red Beach y el pueblo de Akrotiri que quedó inmóvil para siempre por la erupción del volcán (del que os hablaré más adelante). Cojí el bus desde allí y me dirigí a Oia al otro lado de la isla, donde pasearía hasta la hora del esperado atardecer. Es una auténtica delicia asomarse a cada rincón de este lugar. Allá donde mires solo hay belleza, y también lujo, mucho lujo.

Las construcciones están pensadas para que nada interrumpa tu visión de la Caldera, y por ello, a medida que bajan lo hacen adhiriéndose a la montaña. Hay cientos de piscinas que dan directamente al mar, colgadas en el aire como flotando en ese paisaje de ensueño. Los restaurantes se pelean por ver quién tiene las mejores vistas que ofrecer al visitante, y los apartamentos gozan de terrazas en las que despertar por la mañana debe ser toda una fantasía.

 

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En ocasiones, te sorprende ver este tipo de construcciones viejas a medio hacer o que han sido derruidas, pero claro, cualquier otro color que no sea ni blanco ni azul desentona rápidamente con el ambiente. Y es que prácticamente el 70% de Oia es exclusivamente blanco, con el telón de fondo del mar y el cielo.

Algunos negocios o casas se sirven de esto para destacar o dar un toque de atención al ojo del turista, y podemos ver alguna construcción aislada de colores naranjas, rosas o amarillos.  Además el terreno es rojizo como os he dicho, hay pequeñas áreas en las que podemos ver la verdadera naturaleza de la isla.

 

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Si te adentras un poco y te alejas a su vez de la caldera las construcciones de vuelven un poco más humildes y perderse puede ser fácil debido a lo laberintico de su trazado. Callejuelas estrechas se entrelazan con empinadas cuestas, los restaurantes, tiendas y galerías guardan una estética perfecta.

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Además, éste pueblecito es famosísimo por su puesta de sol. Puede que pienses que al final es otra más de las miles de cosas que los turistas repiten en sus viajes al lugar, pero te digo por experiencia propia que no puedes perderte el atardecer, ¡el más bonito e increíble que he visto en mi vida!

 

¿Te ha enamorado cómo a mi?

¡¡Un saludo viajer@!!